TOCADO Y HUNDIDO

Hay momentos en los que te das por vencido y decides dejarlo todo en manos del destino, que tú ya no vas a decidir más, que todo será como tenga que ser. Momentos en los que piensas que estás solo, que por muchas personas que tengas a tu alrededor ninguna te sirve, ninguna se preocupa realmente por tí.

Muchas veces pensamos que nadie nos escucha, que no hay nadie que se interese por nosotros. Te ves mal y nadie te ofrece ayuda. Mucha gente se excusa en decir que no la ofrecen porque esperan a que se la pidan. Pero, ¿Debe ser así? ¿Has de pedir una ayuda obvia cuando te están viendo mal? Eso ya es decisión de cada cual pero personalmente pienso que si estás viendo con problemas a una persona, por qué esperar a que ella tenga que humillarse a pedir ayuda, mejor ofrecerte como una posibilidad de salida a su problema.

Muchos se sentirían mucho más aliviados si la recibieran de esta forma. Dicen que tener muchos conocidos es bueno pero, de qué sirve tener tantos si no te va a servir de nada importante. Amigos, pretendemos tener muchos, todos los que podemos, sin embargo con el tiempo te das cuenta de que no puede ser así. Según vas creciendo te vas dando cuenta de la cantidad de gente que aparece y desaparece de tu vida. Conservar los amigos es difícil, pero es que sólo ellos van a estar en la mayoría de los momentos de tu vida y eso no es una tarea simple.

Pocas personas tendrás en esas condiciones, y si quieres conservarlas debes dar algo a cambio, tu interés, que no es poco. Sólo así conseguirás mantener a esas personas que mereces. Esas personas que te podrán prestar su ayuda cuando tengas problemas.

Cuando nombro el término problema no quiero decir problemas económicos o permisivos, a veces la gente sufre por no tener el cariño que necesitan, por no sentirse queridos, por pensar que están solos. Qué mejor que tú y tu buenas intenciones para animar y hacer sentirse bien a esa persona. Si tan solo unas pocas personas tomaran una iniciativa así, se darían cuenta de la felicidad que podrían provocar en otras.

Claro está, vivimos en un mundo demasiado egoísta como para que este pensamiento se cumpla realmente. Cada uno va a lo suyo y por mucho interés aparente que puedan mostrar, en el fondo les da todo igual, solo les importa su propio bienestar. Pero a estas alturas ya llega el dilema de siempre, ¿Hago como los demás, o, aunque esté visto como condición de tonto, intento ser buena persona? Tu propia ética te dirá qué hacer.

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