CONEXIONES ROTAS

Perder la razón es tan solo el principio de una serie de pérdidas que tienen lugar cuando dentro de tu mente la cordura ya no reina. Actuar por actuar, sin pensar, sin querer sentir y comportarse como la mayoría para encajar está a la orden del día.

Los términos están confundidos, se tratan de igual forma tanto la libertad como el libertinaje. Las personas se sienten obligadas a rendir homenaje a otras para sentirse satisfechos, sin saber que realmente están vacíos. El mal uso de las palabras es la capacidad por excelencia que posee todo el mundo para poderse defender de otros. La pérdida de valores y sentimientos inunda a la sociedad en su más oscuro estado. Convertir en usual lo que era exclusivo y en popular lo que debía ser ocultado.

Gobernamos una guerra contra nosotros mismos que nos lleva a pasos agigantados a nuestro más bajo nivel. La rendición completa de los valores está por venir y no hacemos nada por evitarlo.

Éstas son solo algunas características, tristemente reales, del mundo de hoy en día. No voy a plasmar un sentimiento revolucionario sobre el estado de la sociedad actualmente, cada uno sabe bien lo que hay y el que no lo sabe, por su bien, debería abrir pronto los ojos.

POR ORDEN

Es triste apreciar el abismal cambio de la personalidad de la gran mayoría de las personas. La vanidad de la fama, posesiones materiales o altos cargos, oscurece la importancia de los verdaderos sentimientos, de las buenas acciones e infravalora los sacrificios.

No es malo tener fama, sentirse admirado o recibir cierta alabanza siempre y cuando no se acabe convirtiendo en un reflejo de egoísmo. Al igual que el demostrar esa admiración tampoco es perjudicial siempre que sepa administrarse de forma sensata.

Con cierta regularidad esta constante práctica hace olvidar y, como ya he dicho, oscurecer, otro tipo de acciones o sentimientos que usualmente poseen una característica importancia. ¿Está esto mal? Éticamente hablando no podría responder a esta pregunta yo mismo, ya que cada cual es poseedor de su particular ética aprendida.

Claro está, el orden preferente de importancia que tiene cada acción se lo da cada uno, al igual que nadie es quien para cuestionar el orden dado por alguna persona. La mayoría de las personas llaman a la puesta en práctica de esta acción, madurez. El saber determinar qué hechos poseen una determinada importancia y poner éste conocimiento en práctica es la demostración del orden establecido y de la consecuente madurez.

Está en cada cual decidir si quiere demostrar el grado de conocimiento poseído, o simplemente prefiere no establecer un orden e intentar no ser consecuente de sus acciones. Afrontar la cruda realidad o dejar que otros la vivan por él huyendo constantemente de la seriedad.

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