UN PASADO PASADO

¿En qué pensamos cuando actuamos? ¿Qué es lo que puede pasar por la mente de una persona para llevar a cabo ciertos actos? La mente del ser humano es extremadamente compleja teniéndo lugar en ella millones de cálculos simultáneos que nos impulsan a realizar determinadas tareas, desde las involuntarias tales como respirar, hasta las más crueles o despiadadas.

Desde el mismo instante en el que nacemos estamos pensando, pensamos inconscientemente en cientos de temas a los que vamos dando sentido según vamos creciendo. A la vez que pasa el tiempo y con él nuestra capacidad para aprender, vamos atando cabos. Realizamos razonamientos propios de nuestra edad tiendo lugar así, una gran cantidad de variantes en nuestra forma de pensar a lo largo del tiempo, siendo estas, además, distintas en cada persona.

Podemos tomar como ejemplo un joven que, frente a su pandilla de colegas, se ve ante la decisión de decir no cuando le ofrecen fumar. En una mente adolescente, o cualquiera, coexisten miles de decisiones ante el mismo problema, aunque en ciertos casos solo seamos capaces de llegar a observar una pequeña cantidad de posibilidades. Aquí hace aparición la característica que nos clasifica según nuestra edad en la mayoría de los casos, dicha capacidad para observar posibilidades y saber escoger la correcta, llamada comunmente por la mayoría de mortales, madurez. La capacidad de, ante un problema, saber desplegar todo una abanico de diversas opciones que escoger.

No está de más apuntar que todas las personas no siempre desarrollan esta cualidad al mismo tiempo. Es por ello que tampoco podemos sentenciar a una persona porque haya realizado ciertos actos en un determinado momento de su vida, aunque esto llegue a causar dolor en ciertos casos.

Todos cometemos locuras en algún momento de nuestra existencia y no siempre conseguimos que la opción escogida resulte ser la correcta. Es por ello que debemos aprender a convivir con el pasado, algunos más oscuros otros más castos, pero de todos se puede sacar una reflexión, ya que de todos podemos destacar qué opción no debemos volver a elegir.

Medita en tus actos pasados para no decepcionarte a ti mismo en un futuro. Escoge una vida sana, que sano no implica aburrido y conseguirás mejores resultados.

MALEDUCADA NATURALEZA

Se dice que es de bien nacidos el ser agradecido, sin embargo es triste el hecho de no poder decir que todo el mundo lo es.

No saber apreciar lo que se tiene está a la orden del día, prácticamente todo el mundo padece esta cualidad en algún aspecto y momento de su existencia. Al oír el verbo agradecer la mayoría piensa en dar las gracias ante un acto de amabilidad o al recibir algún tipo de presente. Y aquí comienza el gran problema, no nos damos cuenta de que ser agradecido no consta de dar las gracias cuando nos hacen un regalo, es mucho más.

Pocas veces, por no decir ninguna, nos paramos a pensar lo que los demás hacen por nosotros, lo que se esfuerzan en demostrarnos su amor por nosotros. No sería ético pensar en un principio que nos movemos por actos meramente interesados, y es de crédulos y de sinceros de corazón el pensar que hay algo más detrás de todo. No me equivoco si digo que todos provenimos de alguien y que en casi una totalidad esas personas nos demuestran su amor por nosotros día a día.

La verdadera naturaleza del ser humano es egoísta y nunca pensar en nada más que no sea él mismo. Sin embargo está en nosotros el desear ganar ese pulso a la naturaleza, dejar de ser animales y ser personas. Por supuesto, no es únicamente con nuestros progenitores con quien deberíamos ser agradecidos, existe una gran cantidad de personas a nuestro alrededor que diariamente se esfuerza por portarse bien, ser amables, demostrarnos cariño y lo más importante, querernos de verdad.

En ocasiones no mostramos en la medida que deberíamos ese agradecimiento o quizás en otras lo hacemos de la forma errónea. En cualquiera de los casos hay que prestar especial atención a esta cuestión y no dejarla pasar. Una vez se ha pensado en ello, hay que actuar y ponerle soluciones a los posibles problemas. Es por ello que no está de más pedir disculpas o cambiar nuestra forma de pensar y actuar si con ello conseguimos dejar de comportarnos como unos insensibles desagradecidos que se dejan mimar sin dar ni siquiera las gracias.

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