REALIDAD DESCOLOCADA

Listas, más listas. Objetos o personas ordenadas por preferencia, colores, gustos, tamaños, sabores, nacionalidad o incluso por el propio nombre. Nos pasamos la vida dando orden a una realidad que tomará otro cuando la dejemos.

Desde que tan solo somos unos críos hasta tener una edad bastante avanzada dedicamos un tiempo limitado a ordenar nuestro alrededor, a adaptarlo a nuestro gusto. Como se ha dicho al principio creamos listas ficticias o reales, en las que anotamos en un orden determinado las cosas, personas o preferencias que tenemos o sentimos.

No es por mera casualidad que todos lo hagamos, nuestra mente trabaja de forma ordenada ejecutando órdenes de una forma concreta, de modo que el azar queda excluido en este aspecto de nuestras vidas. De igual manera y acorde a nuestra propia ciencia, actuamos de forma ordenada, aunque a veces pueda parecer mentira. Todo se ve regido por un orden establecido por nosotros mismos, nosotros decidimos qué color nos gusta más y cuál menos. Asignamos una importancia mayor o menor a las personas que nos rodean, dando así a entender cuáles son nuestras preferencias.

En cuanto a esto, cada cual que se haya parado a pensarlo tiene su propia opinión, ya que el tema de las preferencias es muy rebatible. ¿Por qué? Porque cada persona, al igual que con las demás cosas, es la que decide a qué debe darle mayor importancia ante una situación determinada. Porque claro está, al igual que el movimiento se demuestra andando, esto hay que ponerlo en práctica para consolidarlo.

La mayor confrontación se produce cuando en situaciones comunes, las decisiones son opuestas, es decir, el orden es distinto. Esto puede provocar problemas, algunos refutables otros no pero algo hay claro y es que alterar el orden de una persona de forma que su situación sea inferior a la establecida por ella misma resulta incoherente para dicha mente. Dicho de otra forma, dar menos importancia a lo que otra persona da más, resultaría incomprensible para esta última.

Y es que vivimos en un mundo donde nuestra propia realidad habita descolocada evadiendo cualquier tipo de orden. Es por ello que invertimos tanto tiempo y sentimiento en encauzar los gustos y preferencias, porque de ese orden va a depender nuestra existencia.

Saber a qué debemos darle o no importancia, está en cada cual aprenderlo con la experiencia, pero eso sí, mientras se pueda.

GRITOS DE SILENCIO

Sin apenas darte cuenta ahora mismo estás respirando, tu cerebro está interpretando lo que estás leyendo y, posiblemente, ahora estés pensando en que lo estás haciendo.

Es curiosa la forma de trabajar de nuestro cerebro a tal medida que es uno de los mayores misterios para nosotros mismos, esos grandes poseedores de limitada inteligencia. Pero tan curiosa es la mente como la propia personalidad, esa cualidad que nos hace parecer de cierta forma delante de qué persona.

Bien es cierto que fardamos de tener una personalidad bien definida, a nuestro gusto y moldeada como ninguna entre los millones de veletas que nos rodean, cuando en la práctica es una gran mentira. Nadie es como dice ser, ni nadie se comporta como realmente es. Este fenómeno tan peculiar que nos caracteriza es bastante grave si se piensa lo suficiente. ¿De verdad nadie se comporta como realmente es? ¿Vivimos engañados por todas esas personas que dicen ser amigos o familiares? De cierta forma sí y sí. Aunque parezca una afirmación atrevida y desafiante solo tienes que fijarte un poco en el comportamiento que tiene cada una de las personas que te rodean en los distintos momento del día.

Porque sí, somos influenciables. Ese gran defecto del ser humano actual y pasado que bien nos ha salvado en ocasiones de guerras u otros desastres. El hacer lo que los demás digan porque así lo dicen es algo que nos injertan desde que nacemos. 

Por desgracia en esta sociedad tan poco humanitaria debemos amoldarnos a los gustos de los demás para poder entablar una relación cordial.  Cambiamos por completo dependiendo de las circunstancias y de las personas que tengamos delante. En el caso de los más jóvenes es algo muy triste. Por tan solo poner un ejemplo, el fumar. Hacerlo porque en tu grupo de compañeros es de valiente y lo peor, que te hagan llegar a creerlo es deplorable. Y ya no solo lo es en el tópico del tabaco, sino en situaciones en las que se presenta la oportunidad de probar cualquier otro tipo de droga, acto delictivo o comportamiento irrespetuoso.

Es algo a lo que nos animan constantemente y pocos los que disfrutan de la satisfacción de no haber sucumbido una vez pasado el tiempo. Pero otros muchos caen en la tentación y se arrepienten cuando ya es tarde. Hay situaciones que no tienen solución ni posibilidad de reintento por eso hay que pensarlas más.

Los ejemplos aquí nombrados solo son pequeñas muestras de grandes errores cometidos por muchos, errores que podían haberse evitado. Miles de estas personas piden hoy en día a gritos silenciosos esa respuesta, el qué hacer ahora, después de haberse equivocado cuando se dejaron llevar.

Si piensas un poco y te das cuenta de que eres una de estas personas no te alarmes, después de todo ya pasó y si no, aún estás a tiempo de evitar cometer algún error del que te puedas arrepentir. Aunque no siempre te darás cuenta hasta pasado el tiempo o hasta que alguien te lo diga, como ahora, que sigues respirando.

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