TRASLÚCIDA PERSONALIDAD

Todos tenemos secretos, algunos de los cuales ni siquiera nuestros amigos o familiares más íntimos conocen. No por ello somos peores personas aunque tampoco nos hace mejores. Los secretos crean lazos de amistad pero al mismo tiempo están rompiendo otros de amistad, relaciones sentimentales o familiares.

El simple hecho de ocultar lo que hagamos nos convierte poco a poco en pequeños mentirosos que según pasa el tiempo y vamos creciendo esos pequeños secretos que no hemos contado se convierten en auténticas realidades ocultas a los ojos de los más allegados.

¿Estoy condenando el tener secretos? No, obviamente cada cual decide la persona en la que confiará plenamente y en la que no. Pero si es cierto que esto a veces puede provocar cierto distanciamiento. Tan importante es el momento en el que decidimos contar algo como el momento en el que no, ya que cada vez marcará, o no, el inicio de ese enfriamiento. Y es que si de algo podemos estar seguros es que todo sale a la luz tarde o temprano por lo que merece la pena plantearse si realmente debemos llegar a ocultar algo a ciertas personas.

¿Por qué digo si merece la pena? Porque si decidimos esconder un secreto pero no a todo el mundo, esa confidencia puede volar hasta oídos de quien no deseamos creando situaciones inesperadas o momentos de verdadera tensión en los que podríamos dar todo por perdido. Es un arma de doble filo del que podemos beneficiarnos o perjudicarnos según la suerte que tengamos.

Es cierto que las hormonas nos hacen cometer locuras de las que más tarde nos arrepentimos, tales como infidelidades, dejar de lado a alguien porque tengamos un mal día, tener conversaciones que sabemos que no deberíamos, etc. En ocasiones ocultamos esos actos o palabras dichas por miedo a otras personas y es lógico sentir ese miedo, pero si tuvimos el valor de llegar a hacer lo que tanto miedo nos da contar, debemos tenerlo para afrontarlo ante los demás.

Claro que no todo es decisión nuestra, uno de los mayores factores que influyen en que podamos hacer lo que queramos es la discreción. De ella depende que podamos esconder algo o no, ya que es muy fácil pillar a ciertas personas cuando están ocultando algo.

Es por ello que deberíamos pretender ser lo más transparentes posibles para evitar problemas que no querremos tener. El sobrepasar la línea que defiende nuestra intimidad creando misterios es totalmente desaconsejable porque esto provocaría que los demás se dieran cuenta de que no queremos que ciertas cosas salgan a la luz y acabarían sabiéndose.

Porque como ya hemos visto anteriormente, todo sale a la luz.
Y tú, ¿Estás segur@ de que eres transparente?

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