PERDIENDO EL NORTE

    Dicen que nos contentamos con lo que tenemos si pensamos que no vamos a optar a algo mejor. Viéndolo desde ese ángulo es muy probable que acabemos haciendo las cosas sin esforzarnos.

    Ponerse metas es una buena manera de saltarnos este pensamiento, querer alcanzar un objetivo impuesto por nosotros mismos suele ser productivo. De hecho sin ellas no cumpliríamos las muchas obligaciones que tenemos en la vida porque no estaríamos dispuestos a obligarnos por nada.

    Puede resultar complejo saber qué meta marcar, sobre todo a ciertas edades. Cuestiones como “qué quiero ser de mayor”, a qué me gustaría dedicar los próximos  40 o 50 años de mi vida y, por supuesto, con quién estaré dispuesto a compartir todos esos años.

    Todas estas cuestiones surgen en algún momento de la vida de una forma u otra. Por supuesto aparecerán muchísimas más según pase el tiempo. Tener una vida plena, que te llene y te haga sentir realizado es algo de lo que pocos pueden presumir, así que no te sientas extraño si te sientes identificado con lo que lees.

    Las personas como tú y como yo, siguen y seguirán teniendo dudas sobre qué hacer con su vida. Perder el norte es algo muy común que tristemente afecta cada vez a más gente. Sin embargo, no te preocupes, ¡hay maneras de recuperarlo!  Comienza por pararte, meditar un segundo qué estás haciendo de ti, en qué te estás convirtiendo y si te gustará el resultado. Ralentiza el tiempo a tu alrededor para poder decidir correctamente hacia dónde enfocar tu próximo paso.

    Quizás según pasen los días te sientas vacío, que no tienes nada en la vida a pesar de tener una familia, una pareja, un trabajo, estudios, una casa, un perro, tal vez un gato… Todo esto no hace feliz a una persona. Tan solo saber lo que quieres lo consigue. En ocasiones no es necesario ni siquiera haberlo conseguido, pero el hecho de saberlo produce una satisfacción interior.

    De modo que si has llegado a esa situación, te aconsejo que te pares los pies, te tomes tu tiempo y pienses cómo encauzar tu vida antes de que sea demasiado tarde. Aunque como se suele decir, ¡nunca es tarde! Mirarte y desear ser feliz no es muestra de egoísmo mientras no lo lleves al extremo; es posible que si no te paras tú a pensarlo, nadie lo haga jamás.

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